Patrimonio histórico

 

La última etapa de nuestro recorrido artístico por el patrimonio arquitectónico la situaremos entre la segunda mitad del siglo XIX y las tres primeras décadas del siglo siguiente.

Eran grandes construcciones realizadas por los indianos, que tras invertir sobre todo en la industria siderometalúrgica fijaron sus residencias en la metrópoli y levantaron en su pueblo de origen lujosas construcciones utilizadas muchas veces como segundas residencias, casas de recreo o veraneo. En ocasiones, los familiares de los indianos se vieron favorecidos por su generosidad y recibieron edificaciones en régimen de regalo o donación.

Palacio del Conde Aresti

El conocido como el Palacio del Conde Aresti sufrió reformas, entre las que destacan la aplicación de ladrillo rojo a las fachadas y la inclusión de las vistosas chimeneas, aunque no consiguieron eliminar el sobrio palacio neoclásico que subyace en su estructura.

También la Casa de la familia Gurrutxaga parece haber sufrido una intervención en sus fachadas gracias a la inserción de una serie de columnas en los huecos de su primera planta.

Se da igualmente el caso de la construcción de nueva edificación sobre los cimientos de otra preexistente; tal como sucede con el chalet conocido como Villa Bilbao, levantado sobre la base de un caserío.

Villa Cuba

De las primeras nuevas creaciones, destacan las dos casas gemelas que perteneció a la familia Aretxabaleta y a la de Villa Cuba. El primer edificio desprende sencillez y orden, aún muy mediatizado por los principios neoclásicos, la desaparición del mirador y su sustitución por una terraza abierta le han restado carácter.

Villa Cuba sufrió una gran reforma en el año 1931 y adoptó un nuevo aspecto.

Muy próxima a estas dos viviendas y al otro lado de la carretera se levanto Villa Aldai. La hábil introducción de ladrillo rojo puntuando ciertos elementos compositivos sobre el paramento gris, al tiempo que se introduce una pintoresca nota de color, pasa a ser el aspecto más sobresaliente se esta sobria y tradicional construcción.

Villa Solanes-Presilla

También de principios de siglo datan otras dos viviendas gemelas conocidas como las Villas de Aspuru. En origen, ambas construcciones, perfectamente gemelas, se hallaban vinculadas por una escalinata que descendía a lo largo de una fuerte pendiente, dando al conjunto sensación de unidad hoy desaparecida.

En la llamada Villa Florita destacan sus tejados y aleros, que confieren al conjunto un claro sabor alpino.

Villa José

La vivienda conocida como Villa José tiene como rasgo particular el pintoresquismo. Aquí llaman la atención la amplitud y decoración de los vanos, cuyo esquema responde a modelos ampliamente ratificados por la burguesía bilbaína en el ensanche de la capital. También incluye un vistoso cenador cerámico en el que se reproduce una réplica de “La Virgen, el Niño y San Juan” de Rafael que imprime al jardín de la villa un encanto claramente romántico.